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JUANA DE LESTONNAC Y EL ORIGEN DE LA COMPAÑÍA DE MARÍA |
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La Compañía de María, primer instituto religioso de carácter educativo para la mujer, nació en Burdeos en 1607 y fue creado por Juana de Lestonnac (1556 – 1640), sobrina del humanista francés Miguel de Montaigne. El proyecto educativo de la Compañía de María, orientado a la formación integral de la persona, fue el resultado armónico de sus ricas experiencias personales, unidas a los principios de Montaigne y al método de la "Ratio Studiorum" jesuítica. Nuestra fundadora, que también había nacido en Burdeos, era la primogénita de una familia altamente significativa en la ciudad: Su padre, Ricardo de Lestonnac, era Consejero del Parlamento y su madre, Juana Eyquem, hermana del humanista Miguel de Montaigne, autor de Los Ensayos. La rica cultura renacentista marca con fuerza su educación. Cuando el calvinismo invade Francia, las guerras de religión desgarran el país y su madre, seducida por la Reforma, intenta atraer a su hija. Pero Juana encuentra dos defensores de su Fe Católica: Su padre y su tío, Miguel, que intuye su conflicto interior. A los 17 años compromete su vida con la de Gastón de Montferrant. Fruto de este matrimonio nacen siete hijos a los que dedica su vida durante los 24 años de casada. A partir de aquí, el dolor invade el corazón de Juana: mueren su esposo y su hijo mayor; su padre y su tío. Juana sola y en soledad, educa y orienta a sus hijos tanto con la energía que Dios le transmite como con su inquebrantable Fe. Cuando sus hijos se hacen mayores y ya no la necesitan, entra en el Convento de las Fuldenses-Cister de Toulouse. Tiene 46 años y adopta el nombre de Juana de San Bernardo. Esta nueva vida le llena de gozo: Largas horas de oración, fuertes penitencias, silencio y abnegación que culminan en una paz infinita. Tras seis meses de duro aprendizaje y, a pesar de que sus ansias por entregarse a Dios se afianzan, su cuerpo se debilita y no le queda otra salida que abandonar el Convento. Esta decisión será fundamental para la existencia de la Compañía de María, ya que Juana quería seguir a toda costa la vida religiosa y comenzó a buscar otros caminos... Suplica al Espíritu que la luz brille en sus tinieblas hasta que súbitamente tiene una doble visión: Por un lado, la necesidad de educar a una juventud femenina en peligro y, por otro lado, la figura de María como guía que alienta su respuesta.
Juana de Lestonnac comprende que su entrega radical al Señor será tender la mano a aquella juventud amenazada y vivir las actitudes de Maria e intuye que lo realizará con otras también llamadas a este desafío. Al regresar del Cister, Juana se retira a sus tierras de la la Mothe y vive un largo tiempo de discernimiento. Largos años de variadas experiencias y de pacientes búsquedas le permitieron madurar y clarificar su plan. Perfila el nuevo Instituto que tratará de llenar una carencia concreta de la Francia del siglo XVII: La educación integral femenina. En 1605 una peste invade Burdeos y Juana desafía el contagio y ayuda en los barrios más miserables. Es así como descubre el misterio del pobre, presencia viva de Jesús. Este servicio le facilita también el encuentro con jóvenes que, sintiendo la llamada del Señor y atraídas por su personalidad, se comprometen con su proyecto apostólico. Va descubriendo cómo en la espiritualidad ignaciana se encuentra expresada su propia experiencia espiritual. Toma contacto con los Jesuítas De Bordes y Raymond preocupados por un proyecto semejante al suyo. En 1606 redacta el Abrégé, o Fórmula del Instituto que había concebido y, ayudada por el P. de Bordes, adapta las Constituciones de la Compañía de Jesús a una Orden femenina, poniéndoles su sello personal. La primera instancia a la que debía acudir para tramitar la aprobación era el Cardenal de Sourdis, Arzobispo de Burdeos. Por dos veces tendrá que defender con entereza la identidad religiosa y las peculiaridades de su obra: no cabía la propuesta del Cardenal de adherirse a otro grupo apostólico que él quería establecer en Burdeos para atender a la educación de la fe. Juana de Lestonnac siente que debe ser fiel a lo que Dios le ha inspirado y a la novedad que ello comporta en aquel momento. El 7 de abril de 1607, cuando Juana tiene ya 50 años, Pablo V da el Breve de aprobación del nuevo Instituto.
Nuevo por recién fundado, pero sobre todo por la innovación que representaba para la vida religiosa femenina: Nace el primer Instituto religioso-apostólico con unos rasgos y organización adaptados a su carácter docente : • La unión de vida contemplativa y activa, • El carácter mariano, • El fin apostólico, según la concepción del carisma y la espiritualidad ignaciana, al que quedan subordinadas otras estructuras tradicionalmente monásticas: la vida no girará en torno al canto del Oficio Divino sino a la educación de la juventud, la clausura y los edificios se adaptan para posibilitar la entrada de alumnas externas, y la administración está pensada para hacer posible la enseñanza gratuita. El 10 de diciembre de 1610 hacen los votos las cinco primeras compañeras. Juana de Lestonnac había puesto gran esmero tanto en delimitar los fines del Instituto, como en la elaboración de su proyecto educativo en el que se armonizan sus ricas experiencias personales, el influjo humanístico de Montaigne y la pedagogía jesuítica. Así hace realidad el pensamiento de su tío con respecto a la formación del propio juicio y criterio: «las abejas liban de flor en flor para hacer después con ello la miel que es absolutamente suya, ya no es tomillo ni mejorana: así los elementos tomados de otros los transformará y fundirá para hacer una obra totalmente suya...» (Ensayos, I, XXVI). La novedad atrae novicias y alumnas. Crecen el convento y el colegio. Muy pronto se tienen que trasladar del Priorato del Espíritu Santo a la calle del Ha en Burdeos. Al recoger los primeros frutos, la Fundadora quiso ofrecérselos al Señor de todas las cosas: el día de la Presentación de la Virgen María de 1610, todas las niñas, acompañadas por las novicias y por sus maestras, desfilan con un cirio en la mano. En su luz y su cera, simbolizan la ofrenda de sus vidas, unida a la entrega de la Niña María. Desde entonces, hasta hoy, las alumnas recrean anualmente este gesto, en «compañía de María», presencia inspiradora de su crecimiento humano y cristiano. Muy pronto, Juana, empezará a percibir el legado de la formación que ha sabido transmitir como superiora y maestra de novicias: Así, comienza la expansión como signo de que la vida engendra vida, prueba de que es posible compaginar clausura y enseñanza pública. Estas primeras religiosas experimentan ya la separación pues comienzan los primeros destinos en la historia de la Compañía: Margarita de Poyferré se hará cargo de las novicias; Magdalena de Landrevie, Serena Coqueau e Isabel de Crucy irán en 1616 a Beziers, segunda fundación de la Compañía; Isabel de Maisonneuve se queda como Superiora de la casa de Burdeos y allí preparará al grupo que funda la Casa de Le Puy en 1618, cuando Juana de Lestonnac va a ocuparse por sí misma de la fundación de Poitiers. A estas fundaciones siguieron otras por tierras francesas y situadas, en general, en zonas con fuerte influjo calvinista. No cabe la menor duda de que este esfuerzo de expansión, que no estuvo exento de dificultades, demostró la Fe y la fortaleza de la primera generación de Hijas de Nuestra Señora. Así, en 1621, Juana envía desde Burdeos a 3 religiosas (Margarita de Poyferré, Isabel de Misonneuve y Juana Mazerolles) para abrir el Colegio de la Compañía de María de Agen. A estas fundaciones le siguen las siguientes: La Fleche (1622); Saugues, Tounon, Aurillac y Saintes-Alencon en 1624; Pau (fundada por la propia madre Lestonnac, que fue la primera directora) y Rodez en 1626; Toulouse nace en 1630 y entre 1630-1633 surgen los Colegios de Annonay, Pons, Adgue y Frontignan; en 1632 aparece el de Saint Flour y en 1633 las Escuelas de La Ferte Bernard, Fontenay Le Comte (de esta Comunidad es Jeanne D’ Aux, religiosa que murió guillotinada durante la Revolución Francesa) y Largentiére. Por otra parte, las religiosas de la Compañía llegan a la importante ciudad de Limoges en 1634 y entre esta fecha y 1640 (fallecimiento de Juana de Lestonnac) se fundan otras cuatro Escuelas: Issoire, Sarlat, Avignon y Saint Afrique. A pesar de no vivir juntas, estas primeras religiosas refuerzan, desde la distancia, su amistad y su propia Fe. A cada Casa, las religiosas llevan las Reglas encarnadas en su espíritu y escritas en cuadernos. Al pasar el tiempo, las que están al frente de las Comunidades o en las Escuelas sienten la necesidad, para asegurar la unidad en el futuro, de que estas Reglas, revisadas y enriquecidas con la vida y la práctica de estos primeros años, queden impresas y piden con insistencia a la Fundadora que se encargue de preparar la edición. Juana de Lestonnac se encontraba en aquel tiempo en Pau, donde a pesar de su edad, atendía a las clases. Regresa a Burdeos y allí trabaja incansablemente para recoger la experiencia que dará vida a la letra. El 14 de junio de 1638, firma el primer libro de las Constituciones que, en sus propias palabras «son las mismas que quiso Dios inspirar a esta Orden desde su comienzo...» y que se justifican por la vida de estos años. Juana de Lestonnac muere en Burdeos el 2 de febrero de 1640, a los 84 años. En ese momento existen en Francia 30 Casas de Nuestra Señora: Había cumplido con su deber, había hecho realidad el proyecto que Dios le confió y ahora lo entregará cargado de futuro.
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