Misión y Proyecto Educativo


Juana de Lestonnac, desde su experiencia salvadora nos enseñó a contemplar la realidad y a dejarse afectar por ella.

La Compañía de María se deja interpelar por la realidad según el carisma recibido y las religiosas están dispuestas a servir de una manera siempre nueva. Así pues, buscan respuestas válidas y pretenden responder a cada momento histórico:

"Este mundo nuestro se ha hecho, se hace, grito y llamada del Señor para nosotros. Las/los jóvenes, la mujer, la familia, toman rostro en el color y los rasgos de todas culturas y nos impulsan a ofrecernos, como seguidoras de Jesús pobre y humilde; a ser portadoras de humanidad y a descubrir la fuerza salvadora del Evangelio oculto en el corazón de toda persona.

Tender la mano educativamente nos lleva a tener fe en la mujer y en el hombre de todos los tiempos, también del nuestro, a entrar en su propia cultura, a contemplar con ternura sus posibilidades y a acompañar, en esperanza, el crecer de la semillas de resurrección". (NEF, n.7, XIV Capítulo General.)

El Proyecto Educativo de la Compañía de María tiene como centro a la PERSONA, pretende una EDUCACIÓN INTEGRAL E INTEGRADORA y lo hace desde una Comunidad Educativa que vive un PROYECTO COMÚN.

 

SU MISIÓN DE EDUCAR EVANGELIZANDO se desarrolla en distintos ámbitos:

En la ESCUELA

Entre la JUVENTUD

Al lado de la MUJER y la FAMILIA

En los PAISES, LUGARES y SITUACIONES

DEPRIMIDAS, más necesitadas de salvación.

En las INSTITUCIONES donde se discuten y

deciden las grandes cuestiones morales, sociales,

económicas, religiosas…

 

Por otra parte el Proyecto Educativo de Juana de Lestonnac armoniza:

• La pedagogía jesuítica,

• El influjo humanista de Montaigne

• Y las singulares intuiciones de la FUNDADORA

 

Los profesores de la Compañía tenemos siempre presente esa imagen de Juana Educadora porque expresa lo que somos y sentimos:

 

Observamos cómo la mano de la fundadora se apoya suavemente sobre el hombro de la niña, evocando cercanía y confianza. Nos transmite serenidad, firmeza y ternura, búsqueda y encuentro, personalidad definida y mutuo apoyo.

Las otras dos manos las apoyan, cada una, sobre el corazón. Juana estrecha con fuerza las Constituciones, logro y pasión educativa, herencia de futuro para la Compañía desde 1638. La niña va descubriendo su propia personalidad en el misterio de la vida que se le ofrece. Juana y la niña, cuerpo a cuerpo, persona a persona. Se trata de dos mujeres, adulta y niña, que emergen del mismo bloque de piedra. La figura de Juana encuadrada en la profundidad del vacío que la cobija, es apoyo, respaldo, segundo plano, como lugar propio del educador/a, que arropa lo suficiente para ayudar a crecer en libertad y afrontar el riesgo de cada paso personal.

La niña camina, paso adelante, sobre la piedra y, frente al espacio totalmente abierto, mira con simplicidad deliciosa hacia un mundo por descubrir. Dos figuras que se entrelazan y completan el camino de la vida. Camino andado y por hacer, mundo integrado y por descubrir, personalidad afirmada y por crecer.

 

"COMPRENDIÓ QUE ERA ELLA QUIEN

TENÍA QUE TENDERLES LA MANO"

 

«SERVIR DE UNA MANERA SIEMPRE NUEVA»

Los cambios socio-culturales de las últimas décadas, interpelan el caminar de la Iglesia y la llevan a una honda revisión.

El Vaticano II, las Conferencias de Puebla y de Medellín - en lo que se refiere a América Latina - son hitos fundamentales y punto de referencia en la nueva forma de ser y estar como creyentes en el mundo.

La vida religiosa, la Compañía de María, entran, a partir del Concilio en un proceso de reflexión que va a culminar en la relectura de las Constituciones y en el despliegue de un nuevo dinamismo evangelizador

LA MISIÓN DE LA COMPAÑÍA es, pues, «misión de evangelización como educadores/as al servicio de la fe que fructifica en obras de justicia». Una misión de evangelización que «como la de Jesús, debe dirigirse a todos desde la perspectiva de los pobres.»

Una misión que tiene «la juventud como campo preferencia!», que «ha de vivirse en la integración fe-cultura» y que «en María encuentra la presencia inspiradora» y la compañera «que nos precede y anima en este camino que conduce a la vida».

 

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